09/02/2020 | Nacional

Sobre el punto y un poco más allá

María Esther Mercado H.

Sobre el punto y un poco más allá

En el marco de las ciencias sociales, sugieren que la antro- pología es la disciplina que más contribuyó a la definición inicial de género, lo que produjo la ampliación del debate a otras disciplinas, de forma que los cambios y precisiones se reflejaron en la utilización de dicha categoría. Para comprender mejor el entramado simbólico que conlleva a la diferencia sexual, las antropólogas feministas realizaron investigaciones bajo el influjo de momentos políticos y de la dinámica multidisciplinaria. 

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género? En la teoría feminista, cuando se comenzó a hablar de género se abrió el debate para derrotar los estereotipos vinculados a la identidad femenina y masculina. Primero, se debía diferenciar sexo de género, al considerar que el género es una construcción cultural, el cual se lo designaba dicotómicamente y demostraban que esta forma de abordaje organizaba la vida socio política. De hecho, hasta el presente, no se discute la realidad de las diferencias sexuales, sino la legitimidad de los estereotipos de las diferencias, construidas por la sociedad.   

La filósofa Butler plantea que el sexo entendido como la base material o natural del género (concepción sociológica y cultural) es el efecto de un pensamiento que se genera dentro de un sistema social que plantea la normativa del género. En “Cuerpos que importan” (1993) realiza una descripción de los conceptos de cuerpo, sexo y género, y plantea: ¿Cuáles son los cuerpos que importan? El cuestionamiento entonces se orienta necesariamente hacia la heteronormatividad y a la posibilidad de la construcción de sociedades inclusivas. 

En palabras de Butler, “La hipótesis de un sistema binario de género sostiene de manera implícita la idea de una relación mimética entre género y sexo, en la cual el género refleja el sexo o, de lo contrario, está limitado por él”. Esto nos sugiere pensar en los cuerpos como el efecto de una dinámica de poder, en la cual existen normas que regulan su materialización. En tal sentido, el sexo es analizado como un efecto que regula los términos, que confirman la validez de los cuerpos, donde unos cuerpos importan más que otros. 

Con todo, la literatura feminista plantea la existencia de dualismos donde hay división entre sexo y género como un cimiento fundacional, de ahí que se asocia el sexo a lo biológico y, el género, a lo cultural. Esta dicotomía refuerza el sistema binario, pues a un cuerpo de hembra le corresponde el género femenino y a un cuerpo de macho, le corresponde el género masculino. En ese contexto, se va construyendo, cualesquiera fuera la cultura, el molde de la famosa femineidad y masculinidad. 

Y aquí viene el aporte, Simone de Beauvoir decía: “una no nace mujer, sino que se hace” y Butler interpretando a Beauvoir afirma: “una llega a ser mujer, pero siempre bajo la obligación cultural de hacerlo, lo cual, no proviene del sexo. Nada garantiza que la persona que se convierte en mujer sea necesariamente del sexo femenino”. 

Sobre el punto y más allá, el neurólogo Benjamín sostuvo que el sexo es cerebral. De ser así, pensemos en la condición trans que ocurre en alrededor de 1:500 nacimientos, en la cual la diferenciación sexual a nivel neurológico y anatómico no se corresponden. Urge investigar. 

Fuente: https://www.opinion.com.bo/opinion/maria-esther-mercado-h/sobre-el-punto-y-un-poco-mas-alla/20200208232715750278.html